ALGARABÍA TEMPORAL

Jesús SANTIAGO MONTES/REVISTA CÍRCULO
Guelaguetzas van y guelagetzas vienen.
Unas espectaculares y otras no tanto.
Otras con gran sentido humano y de fraternidad y otras comercializadas al extremo, “estilizadas” dicen algunos.
Lo cierto es que la algarabía inundó las calles y escenarios diversos y ahora todo ha bajado de intensidad.
Hasta que llegue la temporada de los “fieles difuntos”, luego la navidad, la Semana Santa y otra vez las guelaguetzas florecerán en más municipios y pueblos oaxaqueños.
Los conciertos, muestras artesanales, mezcaleras y gastronómicas debieran estar en permanente actividad durante todo el año, si lo que se busca, dicen los políticos, es fomentar la cultura. Pero no es así.
Sin embargo, nuestro estado adolece de una buena imagen e infraestructura de desarrollo social que cambie el concepto de interculturalidad que se quiere proyectar fuera de él.
Carreteras en muy mal estado, servidores turísticos impreparados, seguridad pública raquítica, problemas sociales sin resolver y en permanente ebullición, son algunas de las cartas de presentación para quienes llegar a visitar nuestras tierras.
Tal parece que todo está ya de cabeza.
En nuestra capital los congestionamientos son tan graves que inciden en la salud pública e individual, no se diga en lo que a seguridad policiaca se refiere.
Se prefiere mandar a un buen número de agentes de vialidad a cuidar de la circulación mientras se desarrolla un partido de futbol en el estadio del Instituto Tecnológico de Oaxaca, que a agilizar la circulación de las calles y cruceros en horas pico.
Las guelaguetzas fueron un buen termómetro para medir la convocatoria a esas actividades artísticas, porque aun cuando algunos medios de mala información vociferaron a los cuatro vientos que en la guelaguetza popular no había gente, el público en gran cantidad participó de las actividades en el convite, calenda y de la fiesta mayor.
No es negando la realidad, como habrá de neutralizarse la celebración de la magna fiesta oaxaqueña en todas las partes en que ahora se realiza con gran asistencia popular.
El otrora famoso “lunes del cerro” va quedando poco a poco como una franquicia comercializada, ya que los municipios conurbados y muchos otros al interior de las ocho regiones, celebran con gran regocijo sus propias guelaguetzas con mucho éxito.
La guelaguetza popular magisterial, por mencionar solo una, surgió del agravio represivo que convulsionó al estado en el año 2006, convirtiéndose en una válvula de escape que hasta nuestras fechas sigue teniendo muchos adeptos aun con sus fallas en materia de organización y publicidad.
Se menospreció la alta influencia social del profesorado en todo lo largo y ancho de nuestro territorio oaxaqueño y el conflicto sigue persistiendo ahora con la imposición de la mal llamada Reforma Educativa que para variar, al término de este ciclo escolar 2016-2017 se pretende obligar a los padres de familia a “subirse” a una plataforma electrónica digital en busca de las calificaciones y documentos que amparen la preparación recibida por sus vástagos.
A ver cuándo se va a pretender querer menospreciar la fuerza y decisión de los pueblos a seguir celebrando sus propias fiestas de julio.
Guelaguetzas van y guelaguetzas vienen.
Ya terminó julio y toda su algarabía.
Los problemas persisten en una realidad ya casi imposible de cambiar.

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