BAILANDO CON TERNURA

Jesús Santiago M.

Cosecharás lo que siembras… dice el vulgo
Muchos nietos, bisnietos y todos los hijos, acompañados de centenas de familiares y amigos, estuvieron en las honras fúnebres de despedida de esta vida terrenal de la señora Irene Santiago León.
Sí, muchas personas y familiares de dentro y fuera del estado se dieron cita, abarrotando la capilla ardiente ubicada en el centro de la capital oaxaqueña.
Muestras de sentimientos donde se trató de remontar la tristeza con la alegría que siempre inyectó Irenita a todos quienes la conocimos y amamos.
Siempre luchó por imponerse a la adversidad y a los fatalismos, lo mismo en la esfera social que familiar o personal.
Junto a su amado esposo el Sr. Hermilo Morales García, emprendieron hace ya muchos años, un arduo trabajo para formar el patrimonio material, económico, moral y también el espiritual, inculcado por generaciones y teniendo como eje principal a Doña Elvirita León Montes, ya finada y madre de Irenita.
Don Hermilo y Doña Irene lograron su objetivo, porque su descendencia en la actualidad esta formada por mujeres y hombres de bien: Humberto, Manuel, Margarita, Hermilo, Victor Hugo, Luis Antonio, Liliana, Nayeli y Manuel de Jesús, sus adorados y siempre extrañados hijos.
Irenita nació el 20 de Octubre de 1945 en la ciudad de Oaxaca de Juárez y contrajo nupcias en el año de 1962 en la Basílica de la Soledad con Don Hermilo Morales García, organizándose un memorable festejo en la comunidad de San Jerónimo Tlacochahuaya, de donde era oriundo Don Hermilo.
Ejemplar pareja de esposos que estuvieron a punto de cumplir sus bodas de oro cuando Don Hermilo tuvo que partir de este mundo, dejando en la viudez a quien ahora también ha emprendido el viaje para ir en busca de su amor eterno.
Forjadores en el ramo farmacéutico y que hoy en día abastecen a una enorme clientela, la familia Morales Santiago, creció a lo largo y ancho del estado, estableciéndose y arraigándose los hijos al unísono de sus propios proyectos de negocios y familiares.
Así, la enorme cantidad de nietos y bisnietos conocieron y heredaron la alegría de vivir de la abuelita, pero sobre todo su inigualable actitud con bombo y platillo a la que recurría, para celebrar cualquier evento familiar o social por muy pequeño que este fuera.
“Un clásico familiar” era verla llegar con un enorme pan de yema y una flor en el centro, acompañados de chocolate, en los festejos de cumpleaños de cualquier integrante de la enorme familia.
Las rajas de chile con sabrosos ajos en vinagre y preparados por ella, nunca faltaron en los grandes o sencillos banquetes que se realizaban, siempre con el tepache y su salecita de chile, salpicada de cebolla y chilitos verdes.
Doña Irenita siempre fue el alma de las fiestas-
Daba la solemnidad al dirigir las palabras a los festejados, como también el inigualable toque festivo a la hora de bailar el jarabe del valle o bien, sus imperdibles melodías de la Sonora Santanera.
Así fue Irenita, mi siempre recordada y amada hermanita.
“¿Cómo estas manito?, ¿prepárate eh?, porque tenemos que estar en los quince años de mi nieta, allá en Huatulco, ¿Estas bien?, ¿tomaste tus medicamentos?, ya hice tu arroz con leche…..¡ah!, pero primero te inyecto..”
Generosa y atenta como si viviera todavía nuestra Santa Madre Elvirita, fallecida hace seis años bajo extrañas circunstancias ajenas a nosotros.
Tema de muchas horas de pláticas interminables, de lágrimas contenidas ante el final extraño de nuestra Santa Madre.
Perversidades de ambiciones materiales ajenas a nosotros y que provocaron el fallecimiento de nuestra progenitora.
Pero al final de estas pláticas, enfrentando la adversidad y la tristeza con risas y buenos propósitos de vida.
“En esta vida todo se paga Chuy, todo, solo hay que dejar que el tiempo pase, pero nosotros hay que vivir y disfrutar la vida que Dios nos dio con nuestra hermanita Anita, con alegría, como nos enseñó mamá.. ”
“Y si Dios nos llama, irnos con tranquilidad y en paz, con la frente en alto, porque nunca robamos, ni manipulamos a nadie, menos a nuestra madre, para satisfacer intereses mezquinos…”
Cierto, se fue tranquila y en paz, la madre amorosa e insustituible, la esposa insuperable, la hermanita sin final, la abuelita ejemplar y alegre…
Por eso Mael, uno de sus nietos, de solo seis años de edad, primogénito de Hermilo, el hijo radicado en Pochutla, resumió en su actuar infantil, la alegría aprendida de su abuelita.
Bailando jarabes oaxaqueños durante las honras fúnebres, pero sobre todo durante todo el recorrido del cortejo hasta llegar al sepulcro, ultima morada de Irenita en el panteón del exmarquesado, Mael bailó, bailó, bailó.
El pequeño no se amilanó, no le importó el gentío, ni las lágrimas de algunos, menos las correrías de otros nietos que por su edad no se dieron cuenta de la magnitud del evento funerario.
Mael bailó bajo el sol quemante de esa calurosa mañana, en un recorrido largo y lastimero, por las calles de nuestra ciudad, bajo los acordes de una banda de música que lo mismo tocaba jarabes que las piezas emblemáticas del adiós mundano, incluyendo el himno oaxaqueño por excelencia “Dios nunca muere”, mientras ya caían los puños de tierra sobre el féretro en su encuentro con la madre tierra.
Ahí, estaba Anita, nuestra querida hermanita, la mayor de nuestra familia, llegada del estado de México para esta despedida, estoica, rociando de agua bendita el lugar del ultimo descanso de Irenita para unirse a los restos de su amado Hermilo.
Mael siguió bailando siempre muy pegado al féretro, a la carroza, frente a la sepultura, junto a flores y coronas, sobre las lágrimas y sonrisas de quienes aplaudieron la labor que en vida realizó Irenita, para llegar a esta despedida inolvidable.
Sembró cariño, amor, solidaridad, generosidad, lealtad, comprensión….recogió el amor de todos.
Vecina de la Col. Santa María, también dejo inolvidables recuerdos entre sus vecinos por su calidez y humanismo a flor de piel.
Y Mael bailó con ternura…cosechando las rosas de su recuerdo
Descansa en paz “Ire”, seguirás con nosotros por siempre.

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