Oaxaca capital ¡Ciudad que apesta, ciudadanía que debe despertar!

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* Ante la ausencia de capacidad del gobierno municipal y estatal, de garantizar a los que el año pasado suplicaron el voto, un servicio de recolección de basura a la ciudadanía, mejor han optado por exponernos al peligro de salud y extremo maltrato psicológico y físico y han decidido anunciar la implementación de castigos económicos y de cárcel para quienes sean descubiertos infraganti tirando basura en la calle

Carlos CAÑEDO PÉREZ/REVISTA CÍRCULO
La capital del estado de Oaxaca ha sobrepasado al umbral de caos, de hecho ahora subsiste en él seis mil toneladas de basura formando parte activa de su cotidianidad. Con escenas dantescas de camellones repletos de bolsas infecciosas de basura pútrida como metrópoli del fin del mundo se han intercalado con estampas aún más terribles de tiraderos a cielo abierto dispersadas a un ritmo de dos basureros por cada tres calles, durante casi diez días en los que el basurero municipal ubicado en la Villa de Zaachila ha vuelto a ser bloqueado por vecinos de la Colonia Vicente Guerrero y otras 32 colonias.

Quienes ya cumplieron prácticamente dos meses negociando con el gobierno estatal de Alejandro Murat Hinojosa después de que cerraran por primera vez el basurero en su demanda porque los integrantes del Frente Popular 14 de junio fueran expulsados de sus calles aduciendo que estos se habían incrustado en ellas con las tácticas depredadoras y violatorias de una organización criminal.

Casas quemadas, confrontaciones violentas con saldo de un muerto, familia desplazadas de las que un grupo de manifestantes se asume como parte activa, estableciendo un plantón que ha vuelto a convertir al zócalo de la ciudad de Oaxaca en una ilustración de la insalubridad con lo que parece ser un cagadero abierto en plena jardinera del parque público que surge como vista turística para los párrocos foráneos y locales que se toman un café o una cerveza en los restaurantes de los portales del primer cuadro de la ciudad.

En sus negociaciones por hacer cumplir sus peticiones de mejoras sociales los colonos han concedido dos días de basurero municipal abierto que han terminado eL pasado miércoles 30 de agosto, por lo que volveremos a ver en unas horas desperdigadas y pudriéndose bolsas de basura en las calles con una ciudadanía oaxaqueña a la que su edil José Antonio Hernández Fraguas ya decidió que ha de educar en base a la amenaza.

Ante la ausencia de capacidad de su gobierno y del gobierno estatal de garantizar un servicio de recolección de basura a la ciudadanía, Fraguas, el mismo que se enfrascó en una lucha bastante alterada con nueve concejales de su cabildo para que autorizaran un endeudamiento millonario que básicamente podía tramitar él mismo, Fraguas, el mismo que manipuló con el exdiputado Hugo Jarquín la concesión en comodato para su organización de pedigrí de vendedores ambulantes de una casa construida con fondos federales con el anunciado y al final supuesto propósito de darle asilo a mujeres en situación de peligro y extremo maltrato psicológico y físico, ha decidido anunciar la implementación de castigos económicos y de cárcel para quienes sean descubiertos infraganti tirando basura en la calle.

Situación que suena regularmente viable para una ciudadanía oaxaqueña que tiene que darse cuenta ya de que está sola, de que a sus autoridades y gobernantes su suerte y bienestar les importa poco menos que nada. De que Oaxaca esa ya desde hace un rato el wild wild west con sindicatos de mototaxistas disputándose obras y territorio a balazos en sus calles con una autoridad que mejor prefiere mirar y no revolcar más el caldo.

Con los bloqueos como verdad de vida perpetrados por un cardumen de organizaciones sociales provenientes de un pueblo cada vez más dividido e inconforme en el que la sección 22 y el magisterio oaxaqueño cada vez se miran más como integrantes de un concierto del reclamo.

Frente a esto para la ciudadanía oaxaqueña se torna necesidad prioritaria ya el aprender a distinguir entre basura orgánica e inorgánica, como un requisito para no pisar la cárcel o pagar una súper multa a un municipio cuyo edil ya ha dicho muchas veces que lo heredó quebrado, sino además como una condición para no seguir viendo reducida su vida diaria a una bolsa de basura putrefacta.

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