“CRONOS”… exposición del oaxaqueño José Montes Nicolás en la embajada de México en Irlanda

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* Será en mayo próximo y consta de 10 piezas (dibujos) realizados en grafito sobre papel de algodón,

Con información de Albert Torras
En su enésima incursión en el campo del retrato, el artista oaxaqueño residente en Barcelona José Montes Nicolás nos ofrece una retrospectiva de sus últimos viajes, un recorrido simbólico por el tiempo en que los cuerpos de hombres posan ante nuestros ojos como ejemplos de la vida que se escapa.

Ya en las últimas muestras, Montes exploró el uso del cuerpo como símbolo. Hombres y mujeres atrapados entre cielo y tierra, ataviados con sudarios y mantillas, de rostros tumefactos, de blancura casi transparente, del color de la vena que fluye certera mientras pasan los días. Grises, malvas, ocres y tonos que dieron paso a notas de intensidad lumínica, aplicadas en mantos y bordados, rojos sanguinolentos, verdes botellas, cerúleos, negros de carbunclo.

En esta ocasión, despojado del color, el dibujo se nos presenta como la primera aproximación a ese tiempo que se escurre entre los dedos, sin tiempo siquiera de ser pintados. Son hombres, en su gran mayoría hombres, los que apaciguan sus deseos de vivir mostrándose tranquilos, reposados, expectantes, otros forzosamente sometidos. Son estudios que nos permiten descubrir la exquisita técnica del artista para dotar de máxima expresión todos los recovecos de esos cuerpos que se hacen mayores en el simple transcurrir de una visita a la exposición.

Para esta muestra en la embajada de México en Irlanda, José Montes nos propone una nueva revisión a su obra, ahora con cuerpos masculinos que atienden al artista, cuerpos que posan, desde la juventud descarada del cuerpo bello e insolente al anciano que se retuerce macilento después de una lucha vital.

Cronos planea sobre ellos, cual convidado de piedra ausente e invisible que los devora, poco a poco, víctimas del devenir diario. Es precisamente en ese discurrir vital cuando Montes se detiene en los pliegues, en los pequeños detalles de vestimentas que, más que onerosos ropajes, otrora usados, son simples sábanas, sudarios, mortajas, paños… telas que se almidonan y arrugan como los propios pliegues de esos hombres retorcidos, por sus deseos y por sus pecados, por el peso del tiempo en sus espaldas, por las promesas subyugadas ante la debilidad de lo humano.

José Montes se desnuda hoy para mostrarnos lo frágil del cuerpo del hombre. Lo que en el fondo no es otra cosa que recordarnos que el tránsito por estos rumbos será más bien corto. Que nos sea, al menos, leve.

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