Despiden a su última morada al periodista Fausto Rey Sánchez

* Familiares y amigos acompañan al hijo de la colonia “El Tepeyac”, de Cuilapam de Guerrero, a su última morada

Erving AMBROSIO MARTÍNEZ
Lejos de los reflectores de las grandes relaciones públicas, allá en su pedacito de Oaxaca que él mismo escogió, en la colonia “El Tepeyac” de Cuilapam de Guerrero, en la capilla a la que tanta estima le tenía, fue el escenario de su misa de cuerpo presente, Fausto Rey Sánchez, “Frey” de cariño, dejaba este mundo terrenal para adelantarse en el proceso del fin de la vida y el comienzo de la muerte.
Se extrañará su pluma, esa que comenzó en la temática deportiva y que en sus últimos años se convertiría en crítica aguda que a más de uno incomodaba y que ahora se sentirán temporalmente aliviados, los amigos que logró atesorar estuvieron presentes siempre, hasta ese momento.
Fausto Rey habría exhalado su último aliento el lunes 9 de noviembre por la tarde-noche, a unos días de terminar las festividades de los “Fieles difuntos”, -solo se nos adelantó en el camino de la vida- exclamaban sus compañeros de oficio, llevaba varios años librando una batalla contra la diabetes… y la perdió.
El martes se veló todo el día y toda la noche, cientos de familiares, amigos, compañeros y conocidos desfilaron frente a su féretro despidiendo al amigo, al padre, al periodista de “la vieja guardia”, fundador de diarios y secciones deportivas.
“Cuando se te muere un padre se va tu guía, ya no te aconsejará más, ni escucharás su voz del otro lado de la línea, lo difícil será cuando te des cuenta que ya no va a estar”, comenta (al que esto escribe) su hijo Marcos, notablemente cansado por las desveladas producto del cuidado a un padre, acciones ejemplares que te dejan ver de qué estás hecho.
Al término de la misa de mediodía del pasado miércoles 11 de noviembre, Fausto Rey se enfilaba hacia su última morada, el panteón de Santa Cruz Xoxocotlán, ahí ya tenía reservado un espacio, “Como él lo quiso” dice su viuda doña Inés Ayuso, una tumba lo esperaba, ahí, hace muchos años él mismo (Fausto), enterró a uno de sus hijos de escasos 8 meses de nacido… y el dolor debió haber sido terrible en ese entonces.
Como un ejemplar hijo del pueblo, rodeado de la gente que lo estimaba, familiares y amigos, solo estaban los que tenían que estar, ni uno más… punteaba la hilera de coches y mototaxis la carroza fúnebre, se iba Don Fausto de la colonia por la que tanto hizo y gestionó.
Bajo un sol inclemente, en punto de las dos de la tarde el ataúd de Fausto Rey ingresaba al camposanto, a ese lugar que se salva de los deseos vanales y materiales de la vida, porque para la muerte es para lo único que no hay envidias.
Un Trío amenizaba el ambiente, con una “Diana” primero… y luego la “Cruz de Olvido”, “Toda una vida” y “Amor Eterno”, en esos momentos hasta el más fuerte se derrumbaba. Aplausos al difunto y abrazos a los familiares, de eso se llenaba el ambiente nostálgico, porque una muerte nunca es sustituida ni por el tesoro más preciado.
En vida pasó por todo he hizo de todo, siempre se enorgulleció de su familia y viceversa, su legado son sus enseñanzas, declaró a un reportero deportivo que “Ya se podía morir tranquilo” haciendo referencia al homenaje que recibió por la celebración de la Carrera Atlética IMSS-Monte Albán en el 2012.
Se fue el periodista, el amigo, se adelantó en un camino por el que todos vamos a tener que pasar algún día, Fausto Rey Sánchez partió de esta vida pero dejó un legado en las publicaciones impresas y con ello colaboró en la historia de Oaxaca, páginas que quedarán para la posteridad, como su recuerdo.

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