En la Villa de Etla, el IEEA fortalece los saberes culinarios con instrucción académica

* Judith patricia aprendió la elaboración del queso en su niñez y en la edad adulta cursa la educación básica

Villa de Etla, Oaxaca, a 15 de abril de 2016.- Los pueblos del distrito de Etla son conocidos a nivel nacional por la elaboración y venta del quesillo y queso de sabor único y de alta calidad, los cuales le otorgan un gran prestigio al estado de Oaxaca, mismos que superan las expectativas de los paladares más exigentes.
Quien desgaja una pieza de quesillo– con crema, doble crema o sencillo – el queso blanco, como la leche recién ordeñada y degusta cada trozo del suculento manjar, acompañado con una tortilla bajadita del comal, se adentra a un mundo de sabores y saberes, que en esta zona de alta producción lechera se han ido pasando de generación en generación.
Judith Patricia García, es una de las herederas de la tradición familiar, en la elaboración del queso. Ella, como sus paisanos, desde muy pequeña aprendió a cuidar animales domésticos: vacas, cerdos y gallinas, además de preparar los derivados de la leche, como son el queso, quesillo, crema y requesón.
Cuando aún era niña, debido a dificultades económicas, tuvo que integrarse a las actividades de elaboración del queso, por lo que no pudo concluir su educación primaria. Sería hasta hace dos años, cuando casi cumplía los cuarenta años de edad, que se inscribió a los servicios que brinda el Instituto Estatal de Educación para Adultos en la Plaza Comunitaria Etla, ubicada a un costado del Palacio Municipal. Durante 8 meses recibió asesorías por las tardes y en 2015 recibió su certificado. Actualmente cursa la secundaria y está aprendiendo el uso de la computadora.
Explica la educando que para todo hay tiempo cuando se tiene un objetivo, – sí se puede, hay que darse su tiempecito para salir adelante- el de ella es terminar su educación básica, por lo que desde la madrugada y hasta que se oculta sol realiza diversas actividades, y se da espacio para resolver sus tareas y no perder el ritmo de estudios.
Judith comenta que la vida es menos complicada cuando ya sabe leer y escribir porque en todo trabajo que desempeñe se necesita leer instructivos, contar dinero o conocer ingredientes; hasta el tiempo, que en la fabricación del queso es fundamental, porque si se deja unos minutos de más, el producto se pone ácido y no es agradable al gusto de los compradores.
“Cuando salía a vender la leche y el queso, me di cuenta de que me hacía falta aprender a hacer correctamente las operaciones matemáticas y también debía de saber leer y escribir bien. Por ello, ya grande, fui a inscribirme a la Plaza Comunitaria donde encontré a otras señoras de mi edad y muchachos estudiando en la computadora”.
Recuerda que no pudo ir a la escuela en su niñez porque eran muchos hermanos y la situación económica apenas alcanzaba para comprar los alimentos. El no saber leer ni escribir le hacía sentirse menos valiosa.
Para la estudiante el apoyo de su familia ha sido muy importante, principalmente de su esposo e hijos al momento de repartirse las tareas del hogar. “Al principio mi marido no estaba muy de acuerdo de que yo fuera a tomar clases, me decía que eso era para chamacos no para personas de mi edad, que ya no aprendería. Como me vio bien decidida terminó convenciéndose de que iba a concluir mi educación básica, y luego hasta me anda ayudando con mis tareas, como es ingeniero agrónomo de profesión me explica algunos contenidos de los libros”.
Ahora los familiares de Judith Patricia son los más orgullosos por los logros académicos, pues en menos de cinco meses aprendió a leer y escribir, en tres más termino la primaria, por lo que esperan próximamente acompañarla a recibir su certificado de secundaria.
Sentada bajo un árbol de ciruelas, Judith Patricia García relata su día de trabajo.
“Todas las mañana me levanto a las tres, con el primer canto de los gallos; me pongo unas botas de plástico y suéter porque a esa hora está más intenso el frío, tomo mis cubetas y escoba para irme al otro extremo del patio para hacer la limpieza.
Helen y la Pinta (las vacas) se levantan de inmediato al verme llegar; están acostumbradas a que en las madrugadas lavo con agua y jabón el corral. Luego dejo que se seque bien el piso antes de empezar la ordeña. Como son productos para el consumo humano, debe de estar todo limpio, desde el lugar donde están los animales hasta la entrega de los quesos.
A eso de las cuatro de la mañana empiezo a ordeñar las vacas para que a las seis ya tenga mis botes llenos de leche. El líquido lo dejo reposar por lo menos hasta las 8 horas, que es cuando el queso se separa del suero, para poderle poner sal e integrarlo a los moldes.
A las diez, después de desayunar, ya tengo listos entre 15 y 20 quesos para entregarlos a mis clientes en el pueblo; también me los encargan los amigos y conocidos, quienes conocen el sabor de mi producto y también saben que es fresco e higiénico.
Después del medio día regreso a casa para preparar la comida, la limpieza del hogar y ayudar a mis hijos con sus tareas de la escuela. También yo aprovecho para estudiar los libros que me facilitan en el IEEA, así cuando me toca ir a asesoría, los, martes, jueves y viernes por las tardes, ya avancé un poco y solo voy a resolver mis dudas. En la noche preparo la cena y dejo todo listo para el siguiente día, más o menos a las once me voy a dormir”.
Cabe mencionar que en el municipio de San Pedro y San Pablo Etla, ubicado a unos 20 kilómetros al poniente de la capital oaxaqueña, hay 2 mil 557 personas mayores de 15 años, de las cuales 278 no saben leer ni escribir, 717 no tienen primaria y mil 562 no han concluido la secundaria. Gran parte de esta población se encuentra en rezago educativo porque tuvieron que integrarse a las actividades productivas en edad escolar.

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