Fiesta en honor al trabajo del hombre y de los nobles bueyes

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* En San Lucas Tlanichico año tras año, el mes de octubre tiene una fecha importante para este poblado, tras su verbena popular, la elaboración y vendimia de los toritos de cera y su tradicional jaripeo, viene la vivencia de la religiosidad

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César Modesto MARTÍNEZ MTZ.
¡Viva, viva!, ¡La fiesta del pueblo ya llegó!, con sus colores, sus olores y sabores; que bonito es escuchar desde muy temprano las mañanitas a la puerta de la iglesia, saludando al santo patrón. Qué bonito es que por la tarde lleguen a comer los familiares que viven fuera de la comunidad y que vienen a la fiesta.
A lo largo del año cada pueblo tiene su propio ritmo de vida, pero el cambio es radical durante la celebración patronal, como dice Joan Manuel Serrat.” Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle, ayer a oscuras y hoy cuajada de bombillas”1…
La comunidad que a continuación describo no es la excepción, se trata de San Lucas Tlanichico2; pueblecillo hermoso al sur de la capital del estado y a tan solo 40 minutos de viaje en automóvil.
Para llegar a este pintoresco pueblito solo basta salir de Zaachila con rumbo a San Miguel Peras, a tan solo cuatro km. encontrarás la desviación; deberás seguir ese sendero de caminos rurales y en 10 minutos estarás en el lugar. Si tu tiempo te lo permite no pierdas la oportunidad de realizar este paseo en bicicleta, los caminos son seguros y con poco tránsito vehicular, eso sí, están en muy buenas condiciones.
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Recorriendo estas sendas podrás comprobar la beneficencia del creador, tierras muy fértiles aprovechadas por la mano del hombre, terrenos con frijol, cacahuate o maíz; una cosa digna de mencionar es que todavía son parcelas en las que se invierte trabajo familiar, en donde participan hombres y mujeres, desde el más grande hasta el más pequeño de la casa.
Y como a cada Pueblo y “a cada Santo, le llega su fiestecita”; esta comunidad tiene su celebración en el último tercio del año. La festividad del Señor San Lucas es el 18 de octubre pero se prolonga hasta el domingo siguiente cuando se recibe a los visitantes de pueblos vecinos y es cuando de verdad hay feria.
Desde el punto de vista religioso se celebra al evangelista y médico de oficio y por una razón histórica que no he alcanzado a recopilar, se rinde honor a la nobleza del toro como parte esencial de la vida del campesino3.
Durante la festividad las yuntas4 recorren las principales calles de la comunidad, después son bendecidas al terminar la misa. A los trabajadores animales, se les ve engalanados con hermosos collares de manzanas criollas5 , flores de cempasúchil y mazorcas de maíz nuevo; los dueños elaboran estos distintivos con esmerado cariño para mostrar quién tiene la mejor yunta. Esta tradición se extiende en las comunidades vecinas, quienes también agradecen la labor de los animales a lo largo del año y que en este día tienen un merecido descanso.
Cuando niño viví en la calle de Teotzapotlán en Zaachila y el sábado anterior a la fiesta me gustaba ver pasar carretas adornadas, jaladas por los bueyes y que lucían sus collares colgados en el pescuezo; los carreteros transportaban las ricas jícamas, las cañas, el camote, los cacahuates tostados y todo lo que se pudiera comercializar en San Lucas.
¡Qué bonita la carreta! adornada con milpas frescas y con un petate arriba de las estacas formando un techo para generar sombra, en algunas ocasiones el adorno se exacerba con cadenas de papel crepé en verde y rojo y hasta una imagen de San Lucas en la frente de los toros o a medio yugo6; las ruedas de madera y de metal generan un ruido inconfundible al ir avanzando lentamente.
La postal es perfecta: el carretero parado al frente de la carreta silbando una canción y a ratos cantándola, la doña sentada en el piso de la misma con la enagua extendida, como si fuera una flor con sus petalos multicolores. Los niños corriendo detrás de la carreta y subiendo a ella cada vez que el cansancio se hace presente; en este camino nunca faltan los fieles amigos del hombre que debajo de la carreta se resguardan del sol.
El viaje en carreta de casi cuatro horas vale la pena; en el camino los “muchitos”7 se entretienen con los chapulines o correteando una lagartija, el campo huele a cempasúchil y a tierra mojada. En el pasado cuando las carretas eran el medio más importante para viajar, estas llegaban a San Lucas casi junto con la noche y era el canto de los grillos lo que acompañaba al viajero.
En el pueblo se acostumbraba pedir posada y casi todos los comerciantes se quedaban en la casa de algún compadre, quien seguramente ya había preparado el café y hasta un caldito de gallina criolla, pero si no había compadre o familiar, entonces a dormir en el atrio parroquial o debajo de un árbol.
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Hoy en día casi no hay carretas y el viaje se realiza en vehículos de motor, pero la tradición se niega a morir; afortunadamente y gracias a campesinos tradicionales y aferrados todavía podemos ver una que otra yunta jalando su carreta y dirigida por el galante carretero.
Lo que distingue a esta fiesta de otras es el hecho de presenciar y participar en el comercio de artesanías que en este lugar es muy característico, se trata de toros hechos de cera, de distintos tamaños y colores que se venden en la explanada de la iglesia.8
Tu escoges tus animalitos y “tratas”9 con el vendedor, como si fueras a comprar una yunta o toro de verdad. Estos toros tienen nombre y se acostumbra amarrarlos con un hilo por el pescuezo y después uno se los cuelga para llevarlos a casa. Generalmente el tamaño del torito comprado es proporcional a la edad de la persona, así, a los niños se les compra un par de becerros y los adultos optan por “una yunta que ya trabaja” y que por ende es más cara.
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Para que estos finos trabajos de cera lleguen sanos y salvos a su destino, es común transportalos en agua contenida en una jícara roja (que también se compra en el lugar), la mayoría de veces los toros llegan a casa sin una pata o completamente rotos.
Mi padre, hombre de tradiciones, nos ha acostumbrado a visitar año con año ese santuario y lo hacemos caminando, madrugamos mucho, salimos casi a las cinco de la mañana, por supuesto que antes tomamos un delicioso chocolate hecho por mamá y que acompañamos de pan de yema. Los niños corren por los campos emocionados y en estos caminos es un verdadero privilegio ver como emerge el padre sol al inicio de un nuevo día.
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La visita al templo es la actividad obligada, se trata de una hermosa construcción, sencilla, con fachada rústica, una gran puerta antigua, el techo de madera y lámina y un solo campanario. Destaca en el interior un fondo dorado que alberga a las imágenes religiosas y por supuesto destacando la presencia del Santo Patrón San Lucas; los mayordomos se esmeran porque la iglesia luzca impecable y la saturan de flores por fuera y por dentro.
A la salida de la iglesia se pueden encontrar muchos puestos de comida; como familia acostumbramos almorzar con el “Tío Máquina” que a temprana hora ha instalado su puesto de barbacoa de chivo y consomé, también vende cervezas y refrescos.
Durante esta feria destaca la grandeza del mercado de pueblo, de esa provincia tradicional que se niega a morir, la vendimia con sus pregoneros y muchos productos que llaman la atención del visitante: tepache, jamoncillos, maguey, pulque, artesanías de barro y muchas cosas más.
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Recuerdo que cuando niño, en la visita a San Lucas era obligado llevar tamales para comer a orilla del río, además las señoras y niños aprovechaban para cortar guayabas que en en esa zona abundaban y a veces hasta anonas encontraban10. Las familias que coincidían en lugar intercambiaban tamales, los de mole, los de coloradito y los de verde; muchas familias aún conservan esa costumbre tan bonita.
Uno de los eventos religiosos visibles año con año son las llevadas a levantar, donde alguna persona o familia pide a otra “que hagan la obra de caridad, de llevar a levantar al hijo o hija” y a partir de ese momento y “hasta que dios disponga” serán compadres; este acto solemne consiste en llevar al ahijado nuevo ante la imagen, rezar un rosario y colgarle un escapulario y un misterio, pidiendo por la salud y porvenir del nuevo hijo espiritual.11
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La fiesta del pueblo se complementa con actividades religiosas y muchas actividades paganas incluyendo baile, mayordomía, calenda, jaripeo y castillo, no pueden faltar los juegos mecánicos y las dedicatorias musicales por el tocadiscos.
Sin ser oriundo de esta comunidad, pido disculpa si en algo he errado, mi relato busca ser un medio de promoción mirando a nuestras nuevas generaciones que involucradas en otro tipo de actividades parecen indiferentes a nuestras tradiciones; es mi granito de arena para no dejar morir lo que es muy nuestro.
Amigo lector, no lo dudes y ven a visitar este pintoresco lugar, seguro que no te arrepentirás y tendrás algo más para contar.
Hasta la próxima… El número 12.
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(NOTAS)
1.- Canción fiesta de Joan Manuel Serrat
2.- Agencia municipal perteneciente al Municipio de Villa de Zaachila (en el Estado de Oaxaca),
3.- También se celebra a estos nobles animales en una comunidad cercana pero perteneciente al municipio de Cuilapam de Guerrero
4.- Yunta significa par de bueyes uncidos por un madero llamado yugo.
5.- Las manzanas criollas son las que se producen en las serranías como Santa Inés del Monte y San Miguel Peras.
6.- El yugo es un madero moldeado finamente que sirve para que los toros jalen la carreta. Los toros son “uncido” con el yugo.
7.- La palabra muchito es regionalismo para identificar a los niños
8.- Los toros de cera que más grandes son miden aproximadamente 20 cm de altura.
9.- Tratar en las comunidades es el equivalente a negociar.
10.- La anona es una fruta propia del lugar, parecida a la guanábana.
11.- No solamente se lleva a levantar a niños, esto puede ser con personas de cualquier edad, el ahijado respetará a su padrino independientemente de la edad.

FOTOS TOMADAS BAJO AUTORIZACIÓN DE LOS MUROS DE FACEBOOK DE: SanLucas Tlanichico y San Lucas Tlanichico de Bertín Santiago e Isaías Cruz respectivamente.

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