Historia de Oaxaca

HISTORIA

La primera dama que murió en palacio de gobierno

TEXTO: Carlos CERVANTES

Como es sabido, en años idos el gobernador del estado de Oaxaca ocupaba como habitaciones privadas las que se ubicaban en la parte del palacio de gobierno que da hacia la calle y ahora se denomina Bustamante.

No había casa oficial y precisamente en ese espacio habitaba el gobernador Emilio Pimentel con su esposa, ahí falleció la primera dama por una equivocación del experto que preparó la medicina prescrita.

Entonces no existían las medicinas de patente y todo el trabajo de mezclar las fórmulas corría cargo del farmacéutico. El escritor Don Jorge Fernando Iturribarría Martínez nos dice en su libro “Sucedió en Oaxaca” cómo ocurrió el suceso que consternó a la sociedad entonces.

El gobernador Pimentel rindió protesta el Primero de diciembre de 1902, era hombre culto aún cuando poco influyente en el partido científico. Fue a residir en el ala Oriente del palacio de gobierno y recientemente se había casado con doña Amparo Jordán, distinguida dama del Distrito Federal.

La señora, que estaba embarazada, tuvo un malestar estomacal por lo que fue llamado eminente médico que le recetó “sulfato de sodio”, pero al tomar el medicamento doña Amparo sufrió dolores insoportables y a los pocos minutos dejó de existir.

De inmediato fue llamado nuevamente el galeno y enseguida acudieron otros tres médicos sólo para atestiguar el deceso: los síntomas de envenenamiento eran invidentes, el doctor de la receta se hacia mil conjeturas, estando seguro de haber recetado correctamente.

Bajó enseguida y corriendo llegó a la botica que se encontraba a dos cuadras de distancia donde interpeló a gritos al modesto farmacéutica que juró haber surtido correctamente la receta. La voz popular llego a la conclusión de que el farmacéutico confundió el “Sulfato de Sodio” que era un purgante con el “Sulfato de Zinc” de sí venenoso.

El sepelio fue de estupor, más aún cuando la población se enteró que el gobernador Pimentel no acusaba nadie y a petición del reciente viudo se sentó como causa de muerte “afección cardíaca”.

El humilde boticario dejó el puesto voluntariamente, viejo e incapaz de volver a ejercer el oficio. En medio de triste viudez y dolorosa añoranza Don Emilio Pimentel vivió el tiempo de su mandato con creatividad esforzándose por servir a la entidad con los escasos recursos de entonces.

Pimentel se retiró del cargo poco después de que el presidente Porfirio Díaz se había autoexiliado. En el Panteón General quedó un complejo escultórico de mármol de manufactura italiana donde un par de ángeles velaban el sueño de la señora Jordán. Hace pocos años desapareció el monumento mortuorio.

Breve semblanza del periodista oaxaqueño Jacobo Dalevuelta

Oaxaca ha sido tierra de notables periodistas, tanto de los siglos pasados como en el reciente; ese fue el caso de Ricardo Flores Magón, el ideólogo de la revolución, el periodista mártir por excelencia que tuvo como mira principal dar a conocer sus puntos de vista sobre la situación imperante durante el porfiriato y, desde luego, el planteamiento de las posibles soluciones.

Flores Magón fue el primero que utilizo en sus escritos la frase “La tierra es de quien la trabaja”, y el lema “Tierra y libertad”, bandera de Emiliano Zapata. Hoy queremos referirnos al paisano Jacobo Dalevuelta, que era su pseudónimo periodístico pero cuyo nombre real fue Fernando Ramírez de Aguilar.

El periodista nació en esta ciudad en 1887 y falleció en 1953, fue profesor normalista, su carrera periodística la hizo fundamentalmente en la Ciudad de México desde 1907 escribiendo en “El imparcial” y colaboró en otros diarios capitalinos como “El País”, “El Universal Ilustrado”, “El Demócrata” y “El Independiente”, durante la revolución fue corresponsal de varios periódicos.

Radicado en la Ciudad de México ingresó en 1910 al diario “El Universal” donde comenzó a firmar sus artículos e informaciones como “Jacobo Dalevuelta” llegando a ser Jefe de Información del impreso.

En 1933 fue miembro organizador del Primer Congreso Nacional de Historia Patria, varias veces fue secretario general del Sindicato de Redactores de la Prensa y participó en el Teatro del Murciélago y el movimiento de Teatro de Masas.

Fue autor de Oaxaca de sus Historias y sus Leyendas (1932), Desde el Tren Amarillo (1924), La Odisea de los Restos de Nuestros Libertadores, Supersticiones de antaño y hogaño en algunas regiones de Oaxaca, El Canto de La Victoria, Escena Chinaca en 1867, El Laborillo, Visiones de la Guerra de Independencia, Estampas de México, Don Vicente Guerrero… síntesis de su vida, Los funerales de Don Vicente Guerrero hace un siglo (1931), Monte Albán… Mosaico oaxaqueño, Cariño a Oaxaca y otros libros más que hoy son joyas de biblioteca y que tenemos el honor de conservarlos.

Fue un impulsor de la cultura en Oaxaca y en los últimos años de su existencia participó activamente en la organización de las festejos del “Lunes del Cerro” en la entonces Rotonda de la Azucena.

Asimismo en la Ciudad de México escribió una leída columna denominada “Siguiendo pistas”, pues el periodista investigaba los crímenes famosos y obtenía resultados antes que la policía. Por ello anunciaba al resolver el caso que el siguiente día daría él o los nombres de los asesinos y el lugar donde se escondían.

Ante esto, era común ver llegar al los de “La Secreta” a las cinco de la mañana al lugar donde se distribuía el diario para apoderarse de los primeros ejemplares y evitar así que los delincuentes huyeran. Ese fue el origen de “Siguiendo Pistas”, aún cuando después ha habido copias muy burdas y sin imaginación.

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