Juquila, rincon de fé

Juquila, rincon de fé
Juquila, rincon de fé

Jesús Santiago M.

 

Oaxaca, es un estado esplendoroso y amplio en su abanico de realidades culturales, sociales, educativas, recreativas, económicas y por supuesto, también espirituales.

Dicen los libros que los seres humanos tuvieron la necesidad de crear o inventar dioses como entes sobrenaturales, sin la mínima posibilidad material de conocerlos y tratarlos, simplemente superiores que “dictaran” los cánones inviolables para vivir en paz y en armonía.

Su misticismo varía de acuerdo a su ubicación terrestre y a quienes desde las altas jerarquías se dicen portavoces de ese poder desconocido y dictan infinidad de reglas que ni ellos mismos respetan.

¡Ah, la fe que “mueve montañas”!

Y sí, con optimismo y nuevas esperanzas e ilusiones, muy de mañana emprendimos nuestro peregrinar al santuario de la Virgen de Juquila, justo en la región chatina oaxaqueña, cerquita de la costa, donde las mujeres hermosas y los hombres jacarandosos, bailan con las sonrisas a flor de piel y comparten la picardía de la conquista amorosa creando versos que regalan a quienes los escuchan.

Siendo el 8 de diciembre la fiesta patronal de Santa Catarina Juquila, miles de peregrinos de distintas partes del mundo visitan el santuario durante todo el día abarrotando el lugar, con todas las consecuencias de incomodidades que eso ocasiona, pero también con una importantísima derrama económica que siempre se disipa entre los altos mandos municipales, patronatos y jerarcas religiosos que lo mismo critican a quienes luchan por igualdades sociales que guardan entre sotanas puritanas el producto económico de la fe de esos miles de peregrinos a quienes no basta solo el día 8 de diciembre para manifestarse, sino todos los días del año.

A Sola de Vega, (a dos horas de la ciudad capital en automóvil), llegamos amaneciendo en un hermoso día de febrero. Solos con la naturaleza de empinadas montañas llenas de ocotales y una alborada inolvidable.

Juchatengo y su rio que se niega a morir entre decenas de fondas y restaurantes de comida campirana, nos hizo recordar nuestros años mozos al lado del Profe. Felipe, maestro rural que me llevó a conocer Santiago Minas a treinta kilómetros de este lugar.

Como a las nueve de la mañana llegamos al Vidrio, punto indispensable de desviación dejando la carretera hacia la costa, el rico sabor a tasajo asado, salsita hecha en chirmolera, tortillas bajaditas del comal recién elaboradas y frijoles hervidos, fueron la carta de presentación de Cristina, una joven que con su belleza cautivó a uno de nuestros acompañantes hasta el límite de prometerle amor eterno. El cafecito caliente y en jarro, acompañado de un pan de yema, completó el almuerzo exquisito de esa fresca mañana.

Así, llegamos al Pedimento. El ritual comenzó. Le meditación y la reflexión se impusieron mientras las largas filas de peregrinos de todos los estratos sociales, avanzaban para llegar al altar y manifestar, pedir o suplicar, una solución favorable a los múltiples problemas que han dejado de ser sencillos para convertirse en complicados y “necesitar la intervención divina” para terminar con ellos.

Pero no solo a pedir van esos devotos, también en gran medida, acuden a dar las gracias por lo concedido.

La fe es infinita.

Innumerables testimonios de toda índole lo demuestran.

La travesía continuó y a veinte minutos del Pedimento llegamos al santuario, donde el ambiente se impone y la devoción dispone.

Fuera de toda la mercadotecnia que se ha generado en torno a la venerada imagen, no puede uno abstraerse del recogimiento espiritual y de la tranquilidad que de esto emana.

Las muestras de la veneración son conmovedoras obligando a un profundo respeto hacia las historias que cada quien lleva a cuestas y abrazadas en su corazón.

Había que vivirlo y así lo hicimos.

A las tres de la tarde iniciamos nuestro retorno a la ciudad capital. Las cinco horas y media de camino entre hermosos paisajes, nos alientan a volver para cargar al espíritu de buenas vibras.

Como un centro de fortalecimiento humano y espiritual, el santuario de la virgen de Juquila atrapa a quienes necesitan volver a creer en que todo es posible, si de alimentar la fe se trata.

Visitar Santa Catarina Juquila, aliviana.

 

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