LA CALLE DE LA AMARGURA

Jesús Santiago M.

¿Cómo no ejercer el derecho a la libre expresión que es el vehículo esencial para exponer inconformidades?

¿Cómo callar ante las evidencias que en lugar de terminar aumentan?

¿Cómo no darles voz a las víctimas y familiares que han sufrido violencia física a la par de emocional y psicológica?

¿Cómo terminar con el llanto y las lágrimas de quienes han perdido a sus seres queridos al ser violentadas sus vidas y sus pertenencias económicas?

¿Cómo decirles a los funcionarios públicos que el pueblo les reconoce capacidad y sabiduría para conducir los destinos de la sociedad, si estos no se rigen por los principios de honestidad y responsabilidad?

¿Cómo decirles a los escolares que han perdido sus escuelas por los sismos, que todo ha sido mentira a causa de la rapacidad de los políticos al ocupar las ayudas humanitarias para su proselitismo?

¿Cómo hacer entender que muchos programas gubernamentales se utilizan sólo para la compra de votos?

¿Cómo aplacar el descontento porque cada día los pobres son más pobres y los ricos más ricos?

¿Cómo justificar que los políticos vivan en la opulencia y el grueso popular reciba un mísero salario que ya no le alcanza para sobrevivir?

¿Cómo no enojarse al ver que la gente humilde que vende sus sencillos productos en la calle para subsistir, son agredidos, despojados y corridos por los prepotentes inspectores municipales?

¿Cómo apagar la impotencia de ver a cientos de comerciantes acordes con el poder, obstaculizando la vía pública a cambio de prestarse como grupos de choque a favor de los políticos?

¿Cómo aceptar que la misma policía municipal “convenza” a las víctimas de los asaltos a casa-habitación, para que no pongan las denuncias correspondientes porque “serán liberados rápidamente por la superioridad, al no haber cometido un delito mayor”?

¿Cómo evitar que los ciudadanos se cobren por propia mano las afrentas de los delincuentes, al no creer ya en la operatividad y funcionalidad policiaca?

¿Cómo obligar a los funcionarios públicos a que cumplan con su deber de dar soluciones reales, precisas y con capacidad de negociación, a tantos problemas sociales que representan miles de ciudadanos en protesta continua y que deriva en bloqueos que a todos estresa?

¿Cómo encontrar soluciones a los múltiples asaltos que se gestan desde el interior de los bancos al detectar a futuras víctimas entre los cuentahabientes, además de soportar la inutilidad de cajeros automáticos que “se tragan las tarjetas” (plásticos) y que deviene en el vacío de cuentas y todavía más, al soportar la prepotencia e indiferencia de los empleados bancarios al exigirles una explicación y solución?

¿Cómo aceptar que nunca se sanciona o quita el puesto público a los funcionarios que no resuelven nada y cobran exorbitantes salarios sin devengarlos?

¿Cómo terminar con el círculo vicioso de cobrar sin trabajar, de los diputados, senadores y funcionarios que están alejados de las necesidades del pueblo?

Bueno, bueno, bueno, los tiempos no están para la indiferencia.

Algo tiene que surgir de este estado de cosas porque ya es inaguantable esta situación.

Si a esto le sumamos la creación de leyes antipopulares, reformas saqueadoras del patrimonio nacional y de los derechos laborales e infinidad de aspectos que no contribuyen pero si denigran la vida familiar y social, estamos en la calle de la amargura.

¿Cómo saldremos de ella?, ¿Pues cómo, cómo…?

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