Los amores de Arcelia Yañiz

José Luis PÉREZ CRUZ

 

Alguna vez Arcelia Yañiz (1918-2014) hizo una encuesta para hacer una pregunta: ¿hay amor en la eternidad?, haciendo referencia a la composición ´Sabor a mí’ de Álvaro Carrillo, todos sus entrevistados dijeron que sí. Pero ella, ¿qué pensaba?, “yo creo que sí, porque no se puede vivir sin amor”, respondió en entrevista el 13 de diciembre de 2013 y asentó sincera, que su gran amor han sido sus hijos, el periodismo, el teatro y la cocina.

 

Al interior de las oficinas de la Coordinación General de Bibliotecas Públicas Municipales de Oaxaca, de la cual fue su titular hasta que su salud se lo permitió, la maestra Yañiz platicó con holgura, de tiempo y de memoria; su sonrisa combinaba con el suéter café oscuro de cuello de tortuga, que apenas dejaba asomar las perlas de sus aretes; tres vueltas le daba un torzal dorado que lucía sobre su pecho, impecable, como siempre.

 

Estar bien arreglada fue una costumbre para la periodista, “me dicen en mi casa, que a dónde voy tan arreglada, yo no me acostumbro a estar mechuda, me gusta tener mi ropa sin lujos, pero al día”.

 

En su oficina guardaba una foto de la actriz alemana Marlene Dietrich, de quien Yañiz se declaraba su admiradora. “También reconozco el talento de Bette Davis, que era fea pero una gran actriz. En la charla sale a flote una de sus canciones favoritas ‘Amor de mis amores’ de Agustín Lara, de quien le fascinó la manera en que acercó su música a la gente.

 

La gestora cultural se miraba a si misma, como una gran lectora, aunque hace once años perdió la vista primaria. Sus ojos brillaban al mencionar que de los dramaturgos tenía admiración por Tennessee Williams. “Y si hablamos de pintores, Tamayo fue mi predilecto, Toledo un poco y Rodolfo Morales también”.

 

-¿Quien es Arcelia Yañiz?

 

-Soy una gente con mucho carácter, fuerte. Me gusta mucho la gente, yo trato igual a un ministro que a un pordiosero, todos para mí tienen valor como seres humanos, no distingo, me gusta mucho la gente, la admiro y la ayudo. He tenido a varias generaciones de jóvenes bajo mi cuidado, siempre fui con ellos amorosa, fueron mis grandes amigos, yo aprendí mucho de ellos cuando eran mis alumnos.

 

¿Cuál es su motor de vida, qué la mueve?

 

El trabajo, yo siempre he trabajado desde niña. Desde siempre pensé que podría ser periodista o escritora, pues a eso dediqué mis fuerzas y lo conseguí. En mi casa me dicen, “ya ni vayas a la oficina, ¿a qué vas?, ya debes descansar”, pero mi trabajo es mi terapia.

 

El periodismo es una pasión muy fuerte, ya ves, me hicieron Licenciada en Periodismo, tarde, pero nunca es tarde para cuando el bien llega. Ya con todas las lecciones de vida que uno recibe, que son muy importantes si las toma uno en cuenta.

 

¿Qué consejo le da a quien tenga la intención de hacer periodismo?

 

-Pues que debe ser honrado, que lo que gane lo devengue sin prebendas. El ‘chayote’ no se usaba antes, un periodista honesto no debe recibir dinero, debe exigir a quien le paga de acuerdo a su trabajo. La verdad y la justicia deben ser sus banderas. Si un periodista recibe su ‘chayote’, ya ni hablar, es un mozo de cuadra.

 

¿Cómo ve el periodismo en Oaxaca?

 

Yo creo que cada quien vive su tiempo, y yo no culpo tanto a los jóvenes que se dedican ahora a eso, porque la vida es más difícil, las cosas cuestan más; los jóvenes pronto se emparejan con una muchacha y tiene obligaciones, hijos, es otro panorama.

 

El periodismo es un oficio muy apasionante, es un oficio para darle voz a quienes no la tienen, a las grandes masas que no pueden hablar y que están ahí postradas, esperando que se ocupen de ellas. El periodista debe ser siempre veráz en los hechos, nunca comprometerse con otros intereses.

 

¿Usted cree que los destinos ya están marcados para las personas?

 

Sí, ya traemos nuestro destino, yo ya traía mi destino. Una vez, el General Lázaro Cárdenas me preguntó, qué quería ser en la vida, le dije que quería ser escritora y estudiar en la Universidad de Salamanca, España, se me quedó viendo y dijo: “usted lo va a conseguir”, y llamó a su asistente y me tomaron mi nombre, pero ese año estalló la guerra civil española y no fue posible.

 

En mi carrera, primero fui reportera, después redactora, jefe de redacción y directora de un periódico, durante una época en que pocas mujeres escribían y pocas mujeres actuaban como periodistas.

 

¿Qué la hizo interesarse en el teatro?

 

Lo que me movió fue que estuvimos en el momento, en el instante oportuno de poder aprovechar los recursos que había entonces, me refiero a los talentos. En 1968 Oaxaca ganó el primer lugar a nivel nacional en teatro, tuvimos el apoyo del gobierno para el desarrollo del teatro. Yo me hice cargo porque estaba trabajando en el periódico, sin embargo te puedo decir que el teatro es como una llama sin flama, te toca y te quema, pero para bien desde luego.

 

Yo pedí fiado para todos los atuendos de las obras que pusimos, iba a las tiendas de telas, se hacia el vestuario, se estrenaban las obras y después veía quien pagaba esa ropa, pero siempre encontramos gente que compartía su dinero con el teatro.

 

-La cocina de Arcelia

 

Uno de los proyectos que quedó sobre el escritorio de la maestra Arcelia Yañiz, fue un libro de cocina, arte en el que se reconocía como una experta, y por ello aseguraba que la cocina es un laboratorio y nosotros los oaxaqueños teníamos el privilegio de contar con comidas exquisitas.

 

“Yo sé mucho de cocina, aunque ahora ya ni como, con eso de que tengo una hernia en el esófago y un colon conflictivo. Yo guisé mucho, cociné muy buenas cosas e inventé otras. Para mí el estofado y los chiles rellenos es lo más sabroso de la cocina oaxaqueña, a mí me quedaban ricos los dos guisos, seré presumida, cocinaba bien y sabroso”.

 

Durante la plática con la maestra Yañiz las risas estallaron en los momentos menos pensados, las confesiones no publicables fueron acentuadas, y el ‘oaxaqueñismo’ -como ella llamaba a la personalidad que distinguió a los oaxaqueños de su época-, salió a flote a través de su honestidad, que la colocan ahora en la historia de Oaxaca, como un personaje sólido, de los que se aman más allá de la eternidad.

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