Miguel Cabrera, célebre pintor de la colonia

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    Miguel Cabrera, quien dio fama por su arte a este territorio y especialmente a lo que hoy es Oaxaca
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    Para el año 1751 Miguel Cabrera recibió encargo del Patronato Guadalupano para hacer una copia de la imagen de la Guadalupana la cual sería enviada al Papa
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    Diez años después, en 1750, llevó al lienzo la figura de la excelsa monja Sor Juana Inés de la Cruz, cuyas copias las vemos frecuentemente en los billetes de $200

Carlos CERVANTES

En el siglo VIII la Nueva España logró colocarse a la vanguardia de otros países del nuevo mundo no sólo por su riqueza en productos naturales sino que fue en esa época que floreció el insigne maestro del noble arte de la pintura: Miguel Cabrera, quien dio fama por su arte a este territorio y especialmente a lo que hoy es Oaxaca.

Del pintor nativo de estas tierras se ha mencionado mucho, sin embargo en su testamento fechado en la ciudad México el 14 de abril de 1768 ante el Notorio Mariano Buenaventura, el artista dejo asentado que se llama Miguel Cabrera, profesor del noble arte de la pintura, natural de la ciudad de Antequera en el valle de Oaxaca.

Mucho se ha especulado sobre que el maestro fue nativo de Tlalixtac, lo cual no es correcto puesto que en los libros parroquiales de aquellos tiempos fue localizado el libro de “Bautismos” correspondiente a los años 1691 a 1695 y en la foja 224 se lee al margen:

Miguel: “En la ciudad de Antequera en veinte de febrero de mil seiscientos noventa y cinco años: bauticé, puse óleo y crisma a Miguel, hijo de padres no conocidos, fueron sus padrinos Gregorio Cabrera y Juana Reina. Y para que conste lo firma Juan de Guzmán”.

Se ignora de qué manera fue educado en su niñez ni tampoco de su juventud, por lo que se supone que su padrino lo inclinó por los caminos del arte ingresando como aprendiz en algún taller de los existentes entonces.

Fue hasta el año 1740 cuando comienzan a aparecer en México óleos firmados por el artista como lo hizo con el lienzo donde plasmó a “Fray Toribio de Nuestra Señora”, pintado en 1740 para el Anexo del templo de San Fernando en la Ciudad de México. Diez años después, en 1750, llevó al lienzo la figura de la excelsa monja Sor Juana Inés de la Cruz, cuyas copias las vemos frecuentemente en los billetes de $200.

Para el año 1751 Miguel Cabrera recibió encargo del Patronato Guadalupano para hacer una copia de la imagen de la Guadalupana la cual sería enviada al Papa Benedicto XIV, como en efecto ocurrió y en el lienzo con la dedicatoria y firma, terminando: “Miguel Cabrera, pintó en México”.

El lienzo fue colocado en el Trono de Bernine en Roma y a partir de entonces resurgió el prestigio del afamado pintor oaxaqueño cuyos cuadros rivalizaban con los mejores artistas del mundo… Entró por la puerta de la fama.

Para entonces aparecían pinturas de Cabrera muy bien identificadas: Por una materialización en sus temas y cosas aún cuando estas fueran inefables. En sus cuadros son las cabezas de las figuras las que sobresalen por su belleza extraterrenal como en los ángeles, santos, imágenes bellísimas de la Virgen María.

Miguel Cabrera pintó ángeles con sus diversos atributos, unos como el ángel malo llamado Luzbel, representado con alas de murciélago, a otros con alas de sencillos pájaros y a otros muy especialmente llamados ángeles o querubines.

Cuadros conocidos: “El cordero de Dios” o “El Divino Pastor”, que tiene lozanía y colorido con características parecidas a las de Murillo. En la pintura de “Nuestra Señora de la Luz” no se altera la unidad de composición, la distribución de las imágenes, las caritas de los querubines, el pintor del rostro de la virgen, el ángel semiarrodillado y la figura del mal que la virgen aparta de los buenos.

Muestras de las pinturas se encuentran en Zacatecas, Taxco, Puebla, Ocotlán, Tlaxcala y en la Casa de la Profesa. Asimismo en Tepotzotlán donde están además los retratos de Jesuitas.

El Museo Regional de Querétaro alberga obras de Miguel Cabrera como “La Oración en el Huerto, “Los Desposorios de la virgen” y un soberbio retrato de San Ignacio, de la Compañía de Jesús, asimismo San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola y otros.

Una exposición permanente está en el Museo del Virreinato en el Centro Histórico de la ciudad de México. En su autorretrato aparece con el hábito de los Jesuitas.

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