“No hagas cosas malas, que parezcan buenas…”

Doña Elvira y su hijo, el autor del artículo.

* “Ojo, mucho ojo,.. familias”

Jesús Santiago Montes
Realmente asistir a Cd. Judicial por asuntos derivados de la volatilidad mental de familiares escudados en Neuróticos Anónimos, no es nada agradable. El Centro de Justicia Alternativa del Poder Judicial, cumple una función de mediación en un conflicto, evitando iniciar sendos juicios, y abrevando la solución a beneplácito de las partes involucradas, siempre y cuando se cuente con el consentimiento y disposición.
En el caso de la familia de Doña Elvirita, no fue así.
Aparte del camino sobre la Justicia Alternativa, se inició un proceso penal inventando delitos y metiendo en el conflicto a otros familiares y vecinos, mismos que no se prestaron a la locura que finalmente llevó a la muerte a Doña Elvirita. La ambición es mala consejera, no mide consecuencias y como dice la voz popular “no tiene llenadera”.
Los ambiciosos se valen de mentiras, manipuleos, prestanombres y un sin número de maniobras para lograr su objetivo sin importarles nada, ni siquiera manchar a su descendencia con el estigma de la ambición y de la avaricia.
En el caso que nos ocupa, las propiedades de un grupo musical familiar fue el primer acto de abuso económico y material que avizoró lo que sucedería en estos tiempos con las pertenencias de Doña Elvirita. Ella padeció del corazón y en la última etapa de su vida de diabetes, cuyos efectos fueron contrarrestados con la puesta en práctica de la medicina natural y un gran amor por la vida, llevando siempre mensajes de esperanza a quienes desfallecían en su propio viacrucis terrenal.
Los que la sacaron con engaños de su casa, acostumbrados a manipular mentes para beneficio económico personal, la sedujeron haciéndola sentir necesitada de cariño y sujetándola mentalmente en los falsos conceptos de la humildad y la obediencia, a la par de un chantaje emocional y filial encubierto en la fe que Doña Elvirita profesaba en la religión católica.
Dice su médico de cabecera que fue presa fácil por la demencia senil que casi todos los ancianitos padecen irremediablemente después de los 70 años, con lagunas mentales, olvidos que incluso la desubicaban en el tiempo y espacio. Ella tenía 84 años cuando se la llevaron de su casa.
El párroco Miguel Pérez García (+), confesor de toda la vida de la ancianita siempre nos decía a los sus familiares… “la tienen como niña con muñeca nueva”. Era verdad. La habían transformado sin importarles el más mínimo de los respetos hacía quien dio ejemplo de amor a Dios, a los hijos, a la familia, a quien protegió a un sinfín de niños y jóvenes desamparados, enfermos, ancianos y desvalidos, a quien fue consuelo de familias desunidas y seres humanos sin rumbo, buscando siempre su reconciliación y el encuentro con Dios y la vida en el mejor de los conceptos.
En su hogar veneraba a la virgen de Guadalupe, teniendo un amplio lugar habilitado como capilla para sus diarias oraciones. Miles de días compartió la “Coronilla del señor de la Misericordias”, al lado de su querido hermano Joel, con quien cantaba su alabanza preferida “La barca”. Era común ver entrar y salir de su hogar a personas necesitadas de consejo, cariño y apoyo indistinto, incluso enfermos en busca de la salud que ofrece la medicina natural.
Doña Elvirita, la ancianita buena y cariñosa, sigue siendo muy recordada en el Barrio del Ex Marquesado, y en especial en la calle del “Retorno” donde dejó grandes recuerdos, enseñanzas y sembró positivas raíces que continuamente dan frutos.
Todos lamentan la forma en que terminó sus días.
Antes de sacarla de su casa con engaños, estuvieron unas personas de Neuróticos Anónimos fingiendo ser damas de compañía, quienes iniciaron una terapia mental hasta lograr que la ancianita, mientras se encontraba sola con ellas, les mostrara todos los documentos oficiales, escrituras de la casa y demás correlativos a sus propiedades.
Claro, también esas gentes, eran manipuladas a su vez y llevaban consigna.
El siguiente paso fue sacarla de su casa, solo con la ropa que llevaba puesta e ingresarla a un grupo de Neuróticos Anónimos del fraccionamiento el Rosario.
Claro, todos sus documentos oficiales ya habían sido sacados con anterioridad e incluso, quienes la sacaron ya tenían tratos con el Notario y con los posibles compradores de la propiedad de doña Elvirita. Todo bajo la sombra de la impunidad y del ocultamiento ante todos sus demás familiares.
Le cambiaron su aspecto físico, le pintaron el pelo, las uñas, le cortaron sus hermosas trenzas que la acompañaron por toda su vida, aislándola por completo y controlándole todas sus visitas, quienes ahora platican la ingratitud de ese hecho y la forma en que atestiguaban todas las pláticas que se pretendían iniciar con doña Elvirita y que eran truncadas de inmediato.
La exhibieron en las redes sociales como si fuera un trofeo.
Los testimonios abundan.
Todo esto sucedía a la par de haber entablado una demanda penal en contra del hijo que la cuidó por más de 24 años, argumentado fraude, robo y abuso de confianza, involucrando a una ahijada, dos sobrinas y una comadre de Doña Elvirita.
Los investigadores policiacos finalmente nos dieron a conocer todo lo tramado para desviar la atención mientras se apoderaban de sus bienes materiales y también para querer evitar que los demás familiares evitaran esta aberrante historia.
Así se llegó a la Justicia Alternativa, en donde en un primer momento hubo el compromiso de la encargada de dicha oficina de citar personalmente a todos los hijos de la ancianita.
Dicha funcionaria no cumplió su compromiso.
En una reunión posterior y obligada por quienes no fueron citados, no persiguió el fin de la conciliación, al contrario su postura fue nada constructiva y si sesgada hacia quienes militando en Neuróticos Anónimos decian tener “bajo su responsabilidad y protección”, a la ancianita.
La demanda penal con varios oficios de falsas firmas, no prosperó ante el Ministerio Público.
Fue un distractor.
Ya habían simulado a escondidas la “compraventa” de sus propiedades ante un arquitecto vecino de la colonia Cuauhtémoc y así facilitar otra “compraventa” en tiempo récord a las manos de quien dice ser su actual dueño.
Doña Elvirita, mi Santa Madre decía: “NO HAGAS COSAS MALAS QUE PAREZCAN BUENAS, NI BUENAS QUE PAREZCAN MALAS”.
Tenía razón.
Los documentos oficiales en nuestro poder, siguen demostrado la ruindad de quienes amparados en un “programa de recuperación espiritual, mental y físico, inspirado por un Poder Superior”, aceleraron el final de Doña Elvirita.
A tres años de su fallecimiento la lección para muchas familias que no desean terminar divididos y enfrentados por los bienes materiales que los padres no pudieron o no quisieron arreglar legamente antes de morir, es válida.
“No hagas cosas malas….”

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