Padre Joel Mendoza: 15 años de luchar en el cuadrilátero del servicio

* El Padre Joel se distingue por su sencillez, por ser un hombre de fe que considera la vocación Sacerdotal su fuente de alegría, pero sabe que debe cuidarla; es piadoso, tiene el don ser un buen amigo, más que eso, un hermano en quién confiar

Lubia ESPERANZA AMADOR
Hace 15 años, el 14 de agosto de 2002, fue Ordenado Sacerdote, en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Soledad, el Padre Joel Juan Martínez Mendoza; hijo del matrimonio formado por don Faustino Martínez Bustamante (+) y doña Adela Mendoza Ramos; sus hermanos son Paula, Jesús Antonio y María Guadalupe. Cursó sus estudios básicos en la Ciudad de Oaxaca y su formación Sacerdotal en el Seminario Pontificio de la Santa Cruz.

El Diaconado lo recibió el 25 de marzo del año 2000, en el Auditorio Guelaguetza (en los festejos de los 2000 años de la Encarnación); e inmediatamente colaboró en la Pastoral Vocacional; también dio clases en la Preparatoria del Seminario, en el Curso Introductorio y en la Preparatoria del Instituto Carlos Gracida. Como Sacerdote, inició siendo Vicario Parroquial del Santuario de la Inmaculada Virgen de Juquila, luego Párroco de San Pedro Teozacoalco, Párroco de San Juan Bautista Chiquihuitlán; Vicario en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Soledad, donde tuvo la oportunidad de colaborar con el Padre Jesús Gopar (que de Dios goce); también fue administrador Parroquial en San Agustín Etla,, Administrador Parroquial en San Miguel Achiutla y San Mateo Peñasco; y actualmente es Párroco de San Ildelfonso Villa Alta y Santiago Camotlán.

Fue descubriendo su vocación con el paso del tiempo. Su papá murió cuando era pequeño, pero su mamá fue su gran educadora en la fe, desde niño lo llevaba el Viernes Santo a la Parroquia de Xochimilco; a los 8 años, por invitación de sus amigos Arturo, Luis, Manuel y Raúl, empezó a ir al catecismo a la Basílica de la Soledad, donde conoció al Padre Álvaro Gómez Hernández, empezó a aprender a acolitar y se integró al grupo de Renovación en el Espíritu Santo.

Tiene una devoción especial por Nuestra Señora de la Soledad, por San Miguel Arcángel y el Santo Entierro de Cristo (tan venerado en Villa Alta).
En su ejercicio sacerdotal obviamente ha tenido que vencer muchos obstáculos, pero para él tienen mayor peso las experiencias positivas, como acompañar a las personas en los diferentes momentos de su vida espiritual: desde la alegría de un nuevo bebé que recibe el Sacramento del Bautismo, el acompañamiento a los adolescentes y jóvenes en su preparación para la Confirmación y la Eucaristía; el compromiso de quienes unen su vida en el Matrimonio; así como dar palabras de consuelo ante la partida de un ser querido o por los tiempos difíciles que la delincuencia nos hace vivir. No se considera un maestro, por el contrario, es él quien aprende de los fieles todos los días.

Se reconoce pecador (como lo somos todos) y desea que no idealicemos a los Sacerdotes, que recordemos que no son pequeños dioses, sino seres humanos como todos, que también ríen, lloran, se cansan, se enferman, tienen alegrías e incomprensiones, se preocupan por sus seres queridos y sufren con ellos en los momentos difíciles de la vida.
El Padre Joel se distingue por su sencillez, por ser un hombre de fe que considera la vocación Sacerdotal su fuente de alegría, pero sabe que debe cuidarla; es piadoso, tiene el don ser un buen amigo, más que eso, un hermano en quién confiar. Son 3 sus grandes pasiones: En primer lugar su Vocación Sacerdotal, luego la lectura y el deporte de la Lucha Libre. Dios le conceda muchos años más de servicio, que María Santísima lo cubra con su manto santo y San Miguel Arcángel lo saque vencedor de todas las luchas que a diario tenemos contra el enemigo de Dios. ¡Que así sea!

También te puede interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *