San Juan Chicomezúchitl… un esplendor serrano

  • SAN JUAN 1
  • SAN JUAN 3
  • SAN JUAN 4

TEXTO: José Luis NAVARRETE
Cuando hablamos de Oaxaca, es referir a la entidad con el mayor número de municipios (570), así como de grupos étnicos (16), que innegablemente lo distinguen dentro del territorio nacional por lo vasto en sus tradiciones, costumbres, historia, misticismo, diversidad cultural y folclor .
Una muestra de ello es la comunidad de San Juan Chicomezúchitl, población ubicada en el municipio del mismo nombre y perteneciente al distrito de Ixtlán de Juárez, en la región de la Sierra Norte. Se sitúa en el km 161 de la carretera federal 175 Oaxaca-Tuxtepec, a 55 kms. al noroeste de esta ciudad capital. Esta población es tal vez la más antigua de la zona, con siglos de existencia y escenario de hechos históricos.
Su clima es variado y cuenta con una exuberante vegetación y una fauna codiciada, pues se distingue por contar con venado, tepezcuintle, tejón, armadillo y conejo. En su panorama agropecuario, aproximadamente el 98 % de la población se dedica a la agricultura, principalmente al cultivo del maíz, frijol, chícharo, garbanzo y trigo para fines de autoconsumo, en tanto que algunos lo alternan con la siembra de lechuga, rábano, cebolla, tomate, chile de árbol y de agua, mismos que se comercializan en el mercado de la población de Ixtlán de Juárez.
UNA VASTA HISTORIA
La comunidad de San Juan Chicomezúchilt, que en lengua náhualt significa, “SIETE FLORES”, se cree fue fundada a fines del siglo XV, época en que sus territorios abarcaban parte de las hoy poblaciones de Santa María Yahuiche y San Pablo Guelatao. Sin embargo, dicha superficie paulatinamente se fue reduciendo sin que a la fecha sus pobladores sepan con exactitud los hechos que lo originaron.
Sus habitantes de raza zapoteca, guerreros por tradición; mismos que se enfrascaron en feroces batallas contra los españoles a principios de los años 1500. Sin embargo, su bravura y valentía no fueron suficientes para contener a los conquistadores, por lo que se vieron sometidos ante el poderío del ejército del país ibérico.
Sobre estas acciones, aún subsiste un lienzo con poco más de 400 años de existencia, presumiblemente elaborado por algún español de la época, en donde se ejemplifica las confrontaciones bélicas entre zapotecas e hispanos, resaltando la superioridad y dominio de las tropas españolas. Dicha pintura, se resguarda en la presidencia municipal, bajo un cristal, que le procura mayor vida a este material de gran valía para la población.

ESCENARIO DE UNA CRUENTA BATALLA
Hacia el año de 1916, varias comunidades de la sierra norte decidieron levantarse en armas en contra del gobierno, luego de una serie de desmanes y fechorías que sus tropas realizaron en perjuicio de poblaciones de la región. Sin embargo, pese a esta situación, Santa Catarina Ixtepeji, otro poblado de la zona, en contraparte, se alió a las tropas del régimen de Don Venustiano Carranza.
Fue así como las fuerzas federales se posesionaron de la población de IXTLAN y posteriormente avanzaron hacia los terrenos de San Juan en donde tomaron como cuartel (durante 2 días y 3 noches), el antiguo templo de la comunidad para luego trasladarse a Santa Catarina Lachatao.
A su paso por estos asentamientos, el ejército carrancista raptó mujeres y realizó saqueos. Hechos que originaron que los habitantes de San Juan, bajo las órdenes del General Sóstenes Bautista Rojas, así como los de Santa Catarina Lachatao, al mando del Coronel Isaac Ibarra; luego de ponerse de acuerdo, vía correo (mensajero), con los pobladores de San Miguel Amatlán y Santa María Yavesía (poblaciones vecinas) se armaran y concentraron en San Juan.
Y así, la mañana del 31 de octubre, en vísperas de la fiesta de los fieles difuntos, un vecino de San Miguel Amatlán dio la voz de alerta sobre el arribo de los federales. Durante la tarde y noche de ese día, hombres armados con machetes y rifles máuser, se colocaron estratégicamente en las lomas denominadas, “Pueblo Triste”, “Nuía” y “La Cumbre”, sitios en donde, al despuntar el alba, abrieron fuego en contra de las tropas federales, quienes merced a su mejor armamento, resistieron al máximo de sus capacidad.
Fue una cruenta batalla, que durante todo ese día y parte de la noche tiñó de sangre los terrenos de San Juan, en donde al final las tropas serranas se alzaron con una pírrica victoria, pues sufrieron muchas bajas en sus filas. Cuerpos mutilados y ensangrentados fueron el matiz de aquel execrable panorama. Tras la contienda los habitantes de Santa Catarina Lachatao, decidieron incendiar la comunidad de Santa Catarina Ixtepeji, en represalia por haberlos traicionado al unirse a las fuerzas del gobierno. Para fortuna de estos últimos, fueron puestos sobre aviso y huyeron antes de este feroz hecho. Esto originó que hasta hace poco, existiera encono entre pobladores de ambas comunidades.
Como resultado de aquella batalla, los alimentos escasearon en la población y a consecuencia de que la mayoría de los cadáveres no fueron sepultados, sobrevino una epidemia, lo que causó la muerte de un elevado número de habitantes de San Juan. Dicha enfermedad se manifestaba con altas temperaturas que en pocos días acababan prácticamente con quienes la padecía. Ante ello, los pobladores se dieron la tarea de construir en el cerro denominado “Pueblo Triste”, un cementerio en el que se depositaron más de un centenar de cadáveres. Pese a ello, los sobrevivientes de esta aciaga época, con gran esfuerzo, trabajo y dedicación, lograron el resurgimiento de la comunidad.
UNA FABRICA DE HILADOS Y UNA HIDROELÉCTRICA EN SU HISTORIA
A principios de 1830, un grupo de empresarios alemanes representados por el Sr. Ambrocio Obicini, luego de reuniones de negociación con los representantes de San Juan, encabezados por su presidente municipal, Sr. Ignacio Sánchez, el regidor, Sr. Ignacio Lázaro y el secretario, Sr. Antonio Ángeles, convinieron la renta del predio denominado XIA, para la construcción de una Fábrica de Hilados y Tejidos, bajo la condición que se le proporcionaran empleos a los lugareños.
Así, el 17 de mayo de 1833 se firmó el contrato por un monto de 49 pesos con 2 reales por el primer año, en tanto que por los tres subsecuentes se pactó una suma de 62 pesos con 4 reales. Tras la firma se inició la construcción de dicha empresa, en la cual participaron poco más de 100 habitantes de la comunidad. Su edificación fue titánica y se concluyó siete meses después; misma que por espacio de 8 décadas cumplió con su compromiso de brindar trabajo a los habitantes de la región.
Asimismo, otro gran acontecimiento en la población se verificó a fines de 1937, cuando el gobierno del estado, con el objetivo de optimizar los recursos naturales de la comunidad e impulsar su desarrollo, decidió finalmente aprovechar la represa con que contaba el poblado en sus terrenos de XIA e inició la construcción de una planta hidroeléctrica, bautizada como LACHENI XIA, misma que fue inaugurada en 1938 por el entonces Presidente de la República, Gral. Lázaro Cárdenas del Río. Esta magna obra, fue huésped en San Juan hasta 1968, año en que las autoridades estatales, la trasladaron a la población de Temazcal, en el municipio de San Miguel Soyaltepec, en la región de la Cuenca del Papaloapan, población en donde funciona en la actualidad.
Por otra parte, San Juan no fue ajeno hechos sobrenaturales que escapan a toda interpretación lógica, que han llegado a aceptarse colectivamente y que han dado paso a una serie de mitos que han formado parte de la historia de Oaxaca. Entre estos sobresale la leyenda de la MATLACIHUA, un ente diabólico (Según los lugareños), con apariencia de mujer de Satánica belleza, vestida de largos y blanquísimos ropajes, quien a altas horas de la noche se le aparece a trasnochadores y “don juanes”, atrayéndolos con las redes de sus encantos, para después abandonarlos en despoblados en la tenebrosa lobreguez de algún barranco.
Este terrorífico fenómeno se hizo presente en la comunidad desde épocas antiguas. Tras estos acontecimientos, los habitantes optaron por pintar con cal el símbolo de la cruz en las puertas y bardas de sus hogares, con el objetivo de protegerse y ahuyentar estos males aires. Así también, colocaron 15 cruces de madera en determinadas zonas del pueblo, las cuales se encargaban de cambiar cada año las personas encargadas de la seguridad. Tras estas medidas, afirman los lugareños, dichos “aires” desaparecieron de la comunidad. ¿Mito o realidad? Lo cierto es que estos acontecimientos, son parte viva de la historia de SAN JUAN CHICOMEZÚCHILT.

También te puede interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *