Toledo el promotor y vendedor de libros

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    De llamarlo maestro en su andar por la calle de Alcalá, pasó a que le dijeran “profe” en el zócalo de la ciudad
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    la gente llamaba a Francisco Toledo para comprarle uno de los cientos de libros que ofertaba en 50 pesos
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    “Libros, libros, a 50 pesos”, gritaba por el Andador turístico de Oaxaca, Toledo entró a cafés, restaurantes y museos, incluso a una librería, donde la gerente salió a comprarle tres publicaciones y el artista siguió su andar.

Gina MEJÍA

De llamarlo maestro en su andar por la calle de Alcalá, pasó a que le dijeran “profe” en el zócalo de la ciudad, la gente llamaba a Francisco Toledo para comprarle uno de los cientos de libros que ofertaba en 50 pesos, la idea de vender a muy bajo precio las publicaciones de editorial Calamus era celebrar el Día Mundial del Libro.

El artista plástico tomó el jueves 23 de abril un cajón de madera y se lo colgó, como se cuelgan los niños chiapanecos sus cajones para vender dulces, solo que él llevaba títulos de autores como Antonio Gamoneda, Waldo Leyva, Jerome Rothenberg y Vasko Popa.

“Libros, libros, a 50 pesos”, gritaba por el Andador turístico de Oaxaca, Toledo entró a cafés, restaurantes y museos, incluso a una librería, donde la gerente salió a comprarle tres publicaciones y el artista siguió su andar.

A esta venta se iban sumando más personas para comprar, más periodistas y fotógrafos para ser testigos de este momento, los que sólo se aparecieron antes de que la venta iniciara fueron los inspectores del municipio capitalino, solicitaban el permiso e iban con la convicción de clausurar “el puesto de libros” colocado afuera del IAGO.

Los reclamos a los inspectores no se dejaron esperar, e incluso los transeúntes que pasaban por la calle de Macedonio Alcalá reclamaron el hostigamiento y los invitaron a retirar los puestos ambulantes que se ponen todos los días, y dejar por lo menos un día una mesa que ponía literatura al alcance de más personas.

Francisco Toledo llegó hasta la Biblioteca Pública Central Margarita Maza de Juárez, ahí la directora de esta institución lo invitó a pasar, el artista vendió, se fotografió y regaló a los usuarios la última publicación de Calamus, Esopo traducido a cuatro variantes del zapoteco.

Durante su recorrido por las calles de la ciudad, la gente no sólo se le acercó para comprarle libros, las señoras para darle un abrazo, las más atrevidas para besarlo, y otros más pedían su firma en la compra recién hecha.

Lo acompañaron trabajadores del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, quienes cargaban cajitas de madera para exhibir los libros, así como un triciclo color rosa que transportaba más ejemplares.

Abriéndose paso entre plásticos de colores, mecates y muchos puestos ambulantes, Toledo llegó al plantón magisterial que está instalado desde hace nueve meses en el zócalo de la ciudad.

Buscaba a los maestros, aunque antes se había preguntado si estos realmente leían, la sorpresa fue que no había más que casas de campaña vacías, instaladas apartando un lugar, los ausentes eran los maestros, sólo había gente midiéndose cinturones, otros mas comprando piratería y uno que otro comensal en los restaurantes.

Desde el kiosko del Zócalo el artista plástico pretendía que más personas comprarán libros, desde ahí ofertaba los títulos y minutos después pasó por Palacio de Gobierno y dijo que era tiempo de regresar al puesto que estaba en Alcalá frente al IAGO.

Cuando pretendía salir del Zócalo, uno de los boleros se ofreció a limpiarle los huaraches, la promesa de que quedarían como nuevos, no hizo que Toledo abandonara su vendimia del día, que lo llevó hasta el Centro Cultural San Pablo, donde se coló hasta las oficinas y tras vender varios ejemplares abandonó el lugar.

Caminó sobre independencia y en la calle de Alcalá, manejó el triciclo hasta llegar nuevamente al IAGO, donde dejó la venta en manos de sus colaboradores…

Francisco Toledo fue quizá el único personaje que, además de celebrar el Día Mundial del Libro, puso en oferta los títulos de la editorial que fundó y se tomó la molestia de salir a vender cada uno de estos.

La venta siguió durante todo el día, ese jueves 23 de abril, con gran afluencia de compradores.

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