Un año más… o un año menos

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* En Oaxaca, donde las convulsiones políticas han tenido especial importancia y significado, se abren paréntesis para las celebraciones navideñas y buenos deseos de año nuevo

TEXTO: Jesús Santiago Montes
Oaxaca hermosa, vestida de gala.
Con tradiciones que se niegan a morir, nuestra bella ciudad distribuida en múltiples colonias, no suelta la nostalgia de los barrios que cimentaron las costumbres decembrinas de esta singular ciudad.
Las posadas, calendas, “los nacimientos”, los dulces en papel de china, las piñatas con picos para “destruir” los siete pecados capitales, los villancicos y la quema de cuetitos, se niegan a morir definitivamente.
Cierto es que todo ha evolucionado para bien o para mal, pero el espíritu navideño oaxaqueño persiste.
La cena de navidad, con todas sus limitantes económicas, se realiza cobijada con el cariño de familiares y visitantes que nutren la mesa con el singular sentimiento de aprovechar al máximo esos momentos que anteceden nuevamente a la despedida.
En Oaxaca, donde las convulsiones políticas han tenido especial importancia y significado, se abren paréntesis para las celebraciones navideñas. Los protagonistas políticos dejan a un lado las confrontaciones y manifestaciones públicas para dar paso al festejo familiar y social, porque lo mismo que en los hogares la algarabía es grande, también en el zócalo se reúnen infinidad de personas para festejar la llegada del redentor.
La navidad, a una semana exacta de recibir el año nuevo, el 2016.
Hemos iniciado este año con nuevas esperanzas e ilusiones que aunque repetidas de años atrás, ahora vislumbran un panorama económico, político y social más conflictivo.
Visto desde cualquier ángulo o perspectiva, no es nada promisorio lo que se avizora.
La injusticia social contraviene los principios y postulados de cualquier doctrina religiosa, así como los discursos políticos que han quedado en una total incredulidad.
En este nuevo año la sociedad necesita de nuevos parámetros de convivencia.
Necesita crecer en todos los aspectos, en todos los niveles y en todos los campos de la existencia humana.
La insensibilidad lleva a la confrontación.
Los propósitos de navidad y año nuevo van en contra de la insensibilidad.
La sociedad en su conjunto, no es consecuente.
No somos consecuentes en nuestros propósitos colectivos.
La brecha social se abre más y más. Las enseñanzas del buen pastor Jesús de Nazaret solo sirven para los brindis de ocasión navideña y luego se guardan en el sótano del olvido. Hasta nuevo aviso transcurridos doce meses.
Dependemos como sociedad, del sueño guajiro de que las cosas llegarán por si solas, que el Santa Claus de los nórdicos o los Reyes Magos de Oriente, nos traerán justicia, igualdad social, equidad de género, alegría, optimismo, en fin, mejores condiciones de vida.
La cuesta de enero, ahora ya también de febrero y marzo, nos despiertan del letargo.
Un año más de vida, un año más en la ruta de la oportunidad de mejorar las cosas, de ser mejores seres humanos, desde el núcleo familiar, desde nuestro espíritu.
O un año menos de vida, anclando nuestros deseos de superación personal y social.
Un año más..o un año menos. La vida sigue.

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