Una ruta por el corazón de México

  • Ciudad de Mexico1
    Torre Latinoamericana fue inaugurada en 1956 y que durante años fue el edificio más alto de América Latina
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    Paseo de la Reforma
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    centro histórico de la Ciudad de México y su alrededores en bicicleta, el domingo es el día perfecto
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    Pocos destinos alegran el alma de cualquier mexicano, como la experiencia de vacacionar en el centro histórico de la Ciudad de México
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    Palacio de Bellas Artes, máximo ejemplo del art nouveau y del art déco.
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    Arena Coliseo

José Luis PÉREZ CRUZ / Santa Cultura

México, DF.-  Conocer el centro histórico de la Ciudad de México es empezar el día y sentarse a disfrutar del desayuno en el Café ‘La Blanca’ o a cerrar una jornada con un suculento café con leche del El popular. Salir a sus calles, nos induce a revisar cada rincón con la mirada, a recordar historias almacenadas en la memoria, y a estar dispuestos a vivir nuevas emociones, a redescubrir sus secretos, a crear nuevos lazos que nos permitan latir en el corazón de México.

Uno de los edificios, al que tarde o temprano cualquier camino nos induce,  es el señorial Palacio de Bellas Artes, a su lado, está su larga vecina: la Alameda Central. Si nuestro cauce nos lleva a curiosear, podemos cruzar la calle y llegar al Barrio Chino. El centro histórico de la capital mexicana nos enlaza, también, con personajes como Salvador Novo, a quien veremos presuroso dirigirse al rumbo de La Merced, o quizás imaginemos a Carlos Monsiváis, asomado en el balcón del Museo del Estanquillo.

Un cruce de caminos donde la transición de una nación, la tradición y la vanguardia se funden para cautivar a quien lo visita, así se mira hoy al centro histórico de la Ciudad de México. Que a pesar, de ser una vía conocida para la mayoría de los mexicanos, este oasis en la capital del país destaca por su constante evolución.

La plancha del Zócalo puede ser el punto de partida para descubrir lo que es hoy el centro histórico, que  fue reconocido y circunscrito por decreto presidencial el 11 de abril de 1980 y cuyo perímetro abarca aproximadamente cerca de diez kilómetros cuadrados. Así, la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, el Templo Mayor, el andador Francisco I. Madero o la calle Cinco de Mayo, son algunas de las rutas para extasiar  los sentidos.

-CAMINANTES SIN LÍMITE

En la actualidad, este eje histórico dota al viajero de hoteles, restaurantes, museos, teatros, legendarias tiendas, mercados, cantinas tradicionales y oportunidades de negocios, además de diversión para toda la familia, incluso para las mascotas,  revela Gabriela Espinoza Aguilar, directora de Relaciones Públicas del Fondo Mixto de Promoción Turística de la Ciudad de México.

Espinoza Aguilar agrega, que según las estadísticas, el 80% de los visitantes de esta ciudad es turismo nacional y un 20% proviene del extranjero. “El centro histórico representa, incluso para las personas que vivimos aquí, un constante descubrimiento, hay mucho dinamismo comercial, iniciativas que conjugan proyectos urbanos con su historia, donde destaca la remodelación de edificios y la apertura de calles peatonales, conocerlo es una experiencia única”.

-CON EL AIRE EN LA CARA

Y precisamente, una aventura singular, es conocer el centro histórico de la Ciudad de México y su alrededores en bicicleta, el domingo es el día perfecto, las calles se cierran para recorrerlo hasta corriendo, niños en triciclos, jóvenes en patines, una gran comunidad deja el auto y disfruta con plena libertad una ciudad hermosa que pide ser disfrutada.

Con una credencial de elector, puedes llegar a un módulo ubicado a un costado de la Catedral, las bicicletas están listas para convertirse en corceles que recorrerán la llamada ‘Ciudad de los palacios’, los caminos están marcados, sólo falta alistar la mirada y la cámara fotográfica  para captar el momento, porque cada punto del recorrido es grandioso.

Desde Avenida Juárez aparecen carpas bebidas energéticas y talleres para la revisar las bicicletas, ambos servicios totalmente gratuitos, al llegar a Paseo de la Reforma  hay que tomar precaución en los cruces. Y si vas a pie, en algún punto de Reforma puedes liberar el cuerpo y la mente con clases libres de yoga y zumba, luego el retorno lo marca el Ángel de la Independencia. Al volver al punto de salida, el Zócalo, el hambre acecha y decenas de opciones aguardan con deliciosos menús.

-CAPITAL HISTÓRICA

La Plaza de la Constitución (Zócalo), es considerada una de las más grandes del mundo y un conjunto arquitectónico único en América, así se lee en la edición: ‘Ciudad de México. Crónica de sus delegaciones’, uno de los muchos textos que puedes comprar en las librerías de viejo en la calle de Donceles. En esta publicación se explica, que cuando Palacio Nacional dejó de ser despacho presidencial, el Zócalo se convirtió en un foro gratuito para recibir a grandes artistas de México y el mundo.

Y se agrega, que sin lugar a dudas, en el centro histórico de la Ciudad de México se encuentran los mejores ejemplos de la arquitectura barroca y neoclásica del país,  como el Museo Nacional de Arte, el Palacio de Minería y el Palacio Postal, y a unos cuantos pasos el Palacio de Bellas Artes, máximo ejemplo del art nouveau y del art déco.

Esta edición indica, que la Torre Latinoamericana fue inaugurada en 1956 y que durante años fue el edificio más alto de América Latina. Además, subraya que en esta construcción se emplearon recursos vanguardistas de ingeniería que la hicieron permanecer de pie, luego de los terremotos de 1957 y 1985.

Conocer el centro histórico de la Ciudad de México, es adentrarte en la riqueza cultural que posee nuestro país,  ya que este sitio se incluyó en 1987, en la Lista del Patrimonio Mundial,  por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Sea el día lluvioso o soleado, en el centro histórico de la Ciudad de México, una sola mirada no basta para disfrutar de toda su arquitectura, ni una sola probada  alcanza para degustar sus dulces tradicionales, chocolates y mazapanes, ni un solo grito te libera del estrés en la Arena Coliseo. Aquí los minutos se vuelven pocos para guardar secretos llenos de nostalgia que se funden en la música que un eterno organillero no deja de tocar.

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